Ella es Milo, es el nombre que se ha puesto en España, su verdadero nombre no lo sé escribir ni pronunciar …Desde que nació mi hija, hace diez años, ella me ayuda con las tareas de la casa, es para mí un lujo su ayuda, no sólo por lo que hace, también por lo que trasmite…
Hace 14 años ella también tuvo que convivir con el cáncer, cuando su hija tenía tan sólo cuatro años, mujer separada, toda su familia en Marruecos, sola en un país donde apenas conocía el idioma y con pocos recursos para arreglárselas ella y su hija. Me imagino qué duro tuvo que ser ese episodio de su vida…Pienso en lo difícil que es ya sólo afrontar la enfermedad, la confusión y el caos que se genera, sumado al miedo de estar sola y al temor de qué pasará con tu hija. Pensar en ello me hace valorar la suerte que he tenido yo de estar rodeada de ayudas, de personas, de facilidades, de entender todo lo que me decían, de estar en mi casa…todo cosas que, sino miras otras historias, das por hechas y apenas valoras.
Milo pasó un tiempo muy duro conviviendo con la enfermedad: cirugías, quimioterapia, ingresos muy largos…no daban un duro por ella, hasta las visitas que iban a verla le decían que no saldría (hay veces que las visitas no ayudan). Era un esqueleto andante, sin poder comer, ni caminar, pasó días y días en el hospital, enganchada a sueros, fármacos y alimentación esperando a ver si su cuerpo respondía. Gracias a la generosidad y la ayuda de una familia su hija estaba cuidada, incluso la llevaban a verla un día a la semana, siempre hay ángeles dispuestos a ayudar en situaciones extremas. Contra todo pronóstico Milo salió adelante, estoy segura que la fuerza, su alegría, su fe y el deseo de no abandonar a su hija pudo más que los pronósticos para ella. Fue un duro camino pero hoy, 14 años después, está sana y feliz, una auténtica superviviente…
Cuando me diagnosticaron el cáncer verla me recordaba de qué manera y hasta qué punto el ser humano puede crecerse ante la adversidad. Durante mi proceso, Milo se levantaba a las 5 de la mañana para rezar, como hacen los musulmanes, me dijo que rezaría por mí todos los días, algo que me conmovió dado que su religión no es la misma que la mía, su dios no se llama igual, su cultura es diferente, seguramente muchas de sus creencias también, el color de su piel, su idioma, su manera de entender el mundo…aparentemente todo diferencias, posibles razones para alejarse, sin embargo me sentí muy, muy unida a ella, y tremendamente agradecida por esa ayuda que me ofrecía, sin importar el COLOR, ella fue uno de mis pañuelos de colores…Y algunas noches si me despertaba a las 4 o las 5 de la mañana pensaba que había alguien que en ese momento rezaba por mí, y eso me ayudaba a pasar mejor ese oscuro momento de insomnio , aportando algo de color, sin importar el color…
Hoy le he dado el cuento “Pintamos a mamá de colores”, ella no sabe leer en español, pero su alegría se refleja en la cara. Ella es la mujer de la sonrisa eterna, a pesar de las dificultades, incluso en días malos, ella nunca deja de sonreír. Ella es de esas personas que no sonríe SÓLO para la foto, sonríe para la VIDA…
Gracias Milo por la alegría que regalas y por la bondad de tu corazón. Gracias por tu COLOR!!.🌈😍😘😘